Recordando: "ELAEGNUS ANGUSTIFOLIA "



También llamado popularmente cinamomo, pangí, “árbol del paraíso” (muy probablemente se debe a ser citado en la Biblia como un árbol que se encontraba en el Edén) , olivo de Bohemia y olivillo, es un arbusto o un árbol de hoja caduca de la familia Elaeagnaceae, originario de zonas secas a áridas de Asia Central y Suroccidental de hasta 25 metros de altura con frutos pequeños que recuerdan a los dátiles, pero de escaso valor comercial en comparación a estos.

El fruto es una drupa de aproximadamente 1 cm de largo, ovalada u ovoide-esférica (similares a una pequeña aceituna), de color rojizo-amarillento con un pericarpio de color blanco plateado dulzón y harinoso. La maduración de la fruta comienza en julio.

¿Quién no los recuerda?



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Era la ornamentación que flanqueaba aquellos anchos caminos, a modo de calles, que enlazaba cada lugar del seminario y que nos llevaban desde detrás de la capilla a cualquiera de los campos de fútbol hasta el huerto.

Eran los arboles más dadivosos, sin contraprestación, que nos proporcionaban aquellas cuentas para nuestros rosarios de las clases de manualidades.

¿Quién no hizo uno de ellos?

Que tras quitar el envoltorio de la pequeña fruta y dejar el minúsculo hueso limpio, con la habilidad y la destreza necesaria, se perforaban uno a uno con una minúscula broca en un berbiquí, hasta completar las cuentas de un rosario que presentábamos debidamente montados con aquellos engarces dorados y con los que aspirábamos a un buena nota en manualidades.

Hoy hablando sobre esto con un compañero de otro curso, hemos llegado a la conclusión de que Dios existe, máxime cuando obteniendo información sobre el árbol resulta que una de las variedades es venenosa, y que yo recuerde, a nadie le pasó nada, y estuvimos “jugando” con fuego.

Los había también que eran verdaderos malabaristas que hacían bailar una de estas bolas sobre el chorro de agua de la fuente que había al lado del gimnasio, que tenían unos chorritos de agua que subían verticalmente, se cogían las bolitas, con un poco de maña las colocaban sobre el chorrito y allí se quedaban en equilibrio durante un largo rato o hasta que alguien tocaba el chorrito y las hacía caer. "Artistas del equilibrio".

Quién no recuerda aquellos árboles que llamábamos “el árbol de las pelotillas”?.