Un “Sherlock Holmes” de Pilas – Los estatutos del seminario



Este podría ser el titular de este escrito, un ex-seminarista pileño, convertido en ratón de biblioteca en nada más ni menos que en los archivos del Palacio Arzobispal de Sevilla.

Un lugar muy particular en donde se exige un alto índice de concentración, buena memoria y un sentido metódico del orden, valores que reúne Paco López, al que no le pusieron del todo la alfombra roja para que se encontrara como en su casa. Un espacio al que se accede con la consigna de que está totalmente prohibido hacer fotos, utilizar pluma o bolígrafo (solo lápiz) y queda terminantemente descartado el acceso con cualquier tipo de bolso. Como diría aquél, “aquello era peor que un cuartel”.

Venga mirar boletines del Arzobispado buscando algo que no se sabe si existiera. Así como el que no quiere la cosa cayeron los de los años 1957, 58, 59, 60, 61 y 62, pero nada de estatutos, mucho reflejo de los cotilleos arzobispales-diocesanos, una especie de “Hola” que muestra los dimes y diretes, las determinaciones tomadas, los edictos de apertura de cursos en el que se regulaba el calendario y las cuestiones básicas académicas y de intendencia.

Y no sería boletín en toda regla si no contara con pelos y señales las visitas que el cardenal Bueno Monreal realizó al Seminario y las filigranas que tuvo que realizar para poder pagar una obra faraónica como la que supuso la construcción y dotación de todas las instalaciones.

Pero de estatutos nada de nada, tal vez no existieran tales estatutos como sí existían en el seminario de Sanlúcar establecido por el Arzobispo Francisco Xavier Cardenal de Cienfuegos y Jovellanos de 1831 - 1842 (Seminario Menor de San Francisco Javier), unos estatutos que además incluía el reglamento para su gobierno.

Así como también existían para el posterior seminario de Seminario Menor del Sagrado Corazón de Jesús 1942 – 1962 instaurado por el cardenal Pedro Segura, también en Sanlúcar.

La conclusión a la que ha llegado el “ratón de biblioteca” es que tal vez el cardenal Bueno Monreal, imbuido de los nuevos aires de modernidad que trajo Juan XXIII decidiera que el nuevo seminario no necesitaba ningún reglamento para ponerse en funcionamiento y que el buen criterio de los curas que puso al frente iría dictando en cada momento cómo se debía proceder.

Hay mucho que “rebuscar”, y aunque sea un freno que el legado de Bueno Monreal aún no esté abierto al público, hay mucho que releer para poder añadir nuevos temas para esta nuestra web.