¡¡¡ QUE PAZ !!!
 

Foto de 1961 correspondiendo al día de la inauguración por Franco

He vuelto a mis orígenes. De verdad, he vuelto a mis orígenes de cuando yo era niño, muy niño que casi no sabía hablar y decía palabras y palabrotas entrecortadas difíciles de entender. Emigrante de mi pueblo natal, llegué (me llevaron) a un pueblecito en construcción de esos tantos de entonces llamados de “plan de desarrollo” de la era de los años cincuenta del siglo pasado (parece uno mayor ¿no?), llamado Guadalcacín, entonces también, del Caudillo, que mientras lo terminaban, nos alojaron en naves medio adecentadas para viviendas con suelos de barro llena de “chupones” de palmitos y palmas y ventanas sin cristales que como cortinas tenían sacos de yute, divididas en lotes para los que serían los primeros pobladores del ahora pueblo de Guadalcacin, sin apellido alguno (por cierto, quedan todavía dos naves de las llamadas “barracones”) No es que continúe igual que entonces, que mucha agua ha caído y muchos vientos han soplado. No. Todo lo contrario. Ha cambiado en su urbanismo, en los servicios a prestar a sus vecinos, en lo político, en lo cultural, en lo social, pero en su esencia sigue siendo lo que fue. Se ha hecho más extenso. Sus vecinos no tienen tanta dependencia de la agricultura como al principio, para lo que fue concebido, ahora es más dependiente de la industria y de por cuenta ajena.

Han llegado nuevos vecinos y han conformado un núcleo homogéneo con los ya existentes. Si paseas a la tarde y noche por el pueblo, verás a los vecinos en “la casapuerta” sentados en sus sillas “al fresquito” de tertulia hasta altas horas de la noche-madrugada y también verás a grupos de niños y mozalbetes jugando al escondite en las calles y entre los “soportales” y a “la queda”.

Suenan el tañer de las mismas campanas de la torre de su iglesia, tres veces de llamada, tres, y a la misma hora de siempre. Y digo que he vuelto a mis orígenes porque estos día he paseado por sus calles, he saludado a muchos en sus “casapuerta” donde “charlaban” y gesticulaban entre sí de las cosas de todos los días. Me he parado con más de uno para saludarnos y decirnos nuestras cosas de antes y de ahora. He estado en casa, como antes, sin televisión, algunos ratos con radio y he oído el silencio de los tiempos entre muros revestidos de cal blanca aromática de borbotones apagados desparramados en paz. He visto las capas blancas de “encalijos” de años tras años, unas superpuestas a las otras como si se tratara de un cuadro costumbrista donde los sentidos se me pierden en sensaciones de tranquilidad. He mirado, desde mi patio, a la Luna llena, tranquila y sosegada, y mirándonos a los ojos nos hemos hecho cómplices y su alegría se ha hecho brillante y luminosa para arrancarme gotitas de sentimientos para arrojarlas al jardín donde florecen como si de primavera se tratara.

He vuelto a mis orígenes y me he fundido en los “barracones” y en el pueblo nuevo lleno de “chupones” de palmitos y palmas, y cortinas de sacos de yute, y barro de calles llenas de charcos, y me he revolcado en ellas hasta quedar confundido con la tierra donde llegué (me llevaron) para quedar atrapado para siempre. En el silencio de la tarde y en la penumbra de la noche se pierden mis pensamientos en la inmensidad de la tranquilidad. ¡¡Qué Paz!!


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© "Los niños de Juan Manuel" - Junio 2009"