NADA MÁS VIEJO QUE EL AÑO PASADO
 

En periodismo solemos decir: “Nada más antiguo que el periódico de ayer.” Y es verdad, a veces es imposible encontrarlo; lo ha recogido la limpiadora, lo han mandado a la papelera o, simplemente, lo han empleado para envolver viandas o limpiar cristales.

Con el año viejo es todavía peor, porque cambiar un dígito supone saltar la valla, olvidarse del pasado y alzar un muro entre el 2011 y el 2012. Nacer un minuto después de morir el año supone haber nacido un año después. Y morir un minuto antes es haber vivido un año menos.

Cuando muere el nuevo año, lo primero que hacemos es tirar el viejo almanaque y colocar el nuevo en su lugar. La familia o el amigo nos regala una nueva agenda, la abrimos y tiramos la vieja. Acompaña cierta nostalgia a este gesto, porque es un diario personal cargado de actividades, de encuentros, de trabajos, de comidas, de llamadas, de alegrías, de penas, de olvidos, de viajes, de citas con el médico, con el compañero, con el que se fue antes que nosotros, con el amigo de experiencias nuevas y de hábitos viejos…

Generalmente, el año nuevo está lleno de tópicos, de frases manidas, de lugares comunes, de expresiones vacías…No es una hipocresía, es que nos gustaría que el nuevo año fuera feliz para todos y que olvidáramos las cosas viejas, corruptas y rutinarias. Por eso decimos: “Año nuevo, vida nueva.” Incluso nos atrevemos a desear “salud, dinero y amor”. Y ya sabemos que ninguna de las tres cosas caen del cielo como la lluvia. Tenemos que sembrarlas y recogerlas con un poco de ejercicio físico y comidas sanas, con un trabajo constante y cierta previsión y con la entrega amorosa a los demás. Claro que quizás tendríamos que cambiar el orden de la frase y no decir “Año Nuevo, Vida Nueva”, como si con el nuevo año llegara, por arte de “birlibirloque”, una vida espléndida. Mejor sería decir: “Vida nueva para un año nuevo”. En un año caben 12 meses, 365 días y 8.760 horas. Es decir que hay tiempo para trabajar, para descansar, para comer, para solazarse, para hablar, para callar, para ver, para reflexionar, para contemplar…

Por otro lado, el que haya pasado un año no significa que todo lo viejo sea malo ni peor. En Jerez sabemos que el vino mientras más viejo, mejor. Y lo mismo sucede con la experiencia, mientras más, mejor. Y con la cultura; mientras más edades tenga, más valiosa es. Y con los políticos, mientras más expertos sean, más garantías de acierto ofrecen. Son peores las cosas intrascendentes: el coche viejo, la casa vieja, los zapatos viejos… pero no las trascendentes: la fe, la esperanza, el amor...

28/12/2011



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© "Los niños de Juan Manuel" - Junio 2009"