Actualidad - José Campanario - "El virus de la tontalitis"





Parece que, con esto de la proximidad de las elecciones, hay algunas personas que están desarrollando un virus realmente peligroso: la tontalitis. Y lo más grave es que, según informes de un conocido laboratorio farmacológico, es contagioso por cercanía ideológica.

Los síntomas son similares: insultar a los ciudadanos de determinados territorios de España. Sobre todo los más afectados por estos insultos son los andaluces y los extremeños. Otro síntoma es que los insultos provienen de políticos del centro geográfico de la nación (mayormente afincados en la capital de España) y otros, igualmente centralistas, políticamente considerados, aún cuando pertenezcan a una comunidad autónoma, antiguo condado dependiente del Reino de Aragón, que tienen cada dos por tres broncas con los políticos de Madrid. Y abundando en caracteres comunes estos políticos profesionales del insulto son de la misma o casi igual tendencia política: ambos miran a los ciudadanos objeto de sus delirios tremens desde la derecha.

Unas veces la toman con los trabajadores del campo andaluz y extremeño, otras con los ciudadanos andaluces a los que califican de analfabetos, otras incultos por no votarlos a ellos, a veces dicen que los niños de nuestra tierra no tienen mesas (sic) para sentarse (por cierto, que en Andalucía nos sentamos, normalmente en sillas), etc. Son desvaríos típicos de esquizofrenia paranoide con tintes de fracasus tremens.

Lo peor del caso es que parece que se está desarrollando una cepa altamente contagiosa, aun cuando el contagio se da en una sola dirección: la ideología (o mejor dicho la falta de ideología). Así nos encontramos con casos de enfermedad muy desarrollada como pueden ser Durán y Lérida, Esperanza Aguirre (con muchas manifestaciones), Cristóbal Montoro, Ana Mato (reincidente), Puircercós (vaya el nombrecito, me recuerda a ciertos animales de cuatro patas muy estimados en la dehesa extremeña), Maria San Gil, el mismísimo Mariano Rajoy, etc., que parecen no tener posibilidades de mejora aún cuando sean tratados con internamientos hospitalarios, incluso ni con tratamiento intensivo intravenoso. A estos la mejor solución que se les puede dar es mandarlos a sus casas a reposar y que pasen los días que les quedan al abrigo del cariño de los suyos. De todas formas tampoco es que la pérdida de estos enfermos sea de vital importancia para nuestro país, es más, seguro que su retirada supone ventajas para todos los ciudadanos.

Y nada, que vamos a tener que decirle a los tribunales médicos que sean generosos con ellos, les echen un vistazo y cuando elaboren el pertinente informe no escatimen en calificativos, a ver si así les queda la paguita para que puedan tener una asistencia adecuada para el resto de sus días.




© "Los niños de Juan Manuel" - Junio 2009"