Actualidad - José Campanario - "Túnel"





… y llegó la desesperanza,

porque el túnel no tenía final,

y la claridad se iba perdiendo poco a poco entre la maraña de oscuridades.

Fueron cayendo las tapias y los tejados,

y los árboles negaron sus frutos

porque quebraron sus ramas por falta de riego.

Fueron creciendo malas hierbas

abonadas de noche por manos malsanas

para que cubrieran las piedras peladas que bordeaban los caminos.

 

Pero los voceros clamaban esperanzas

tan solo entendidas por ellos y para ellos.

Mientras los vientres desesperados de las madres futuras

se negaban a cumplir las funciones que tenían asignadas.

El cerebro negaba la lógica

y las piernas no sostenían los maltrechos y esquilmados cuerpos.

Faltos de ejercicio los enjutos brazos colgaban estáticos, escuálidos y deformes.

 

Y los voceros seguían proclamando las excelencias del sistema:

“No entendéis la clarividencia de los seres superiores,

de esos que tan sólo quieren lo mejor para vosotros,

ínfimos seres que tan sólo sois profunda burla de la vida.

¿Cómo osáis poner en cuarentena las decisiones de vuestros superiores?.

¿Cómo tenéis el descaro de poner en entredicho la sapiencia de la suprema clase?

 

Iban escaseando cada vez más las materias.

Cada vez los supermercados tenían los estantes más vacíos

porque los insignificantes humanos se negaban a trabajar

con la excusa de no poder comprar alimentos con los que reponer fuerzas.

Y lo peor es que dejaron de ir a los colegios, a pesar de que eran gratuitos.

Los pocos niños que se atrevían a subsistir ,

decían que lo que les enseñaban los eruditos no valía para nada.  

 

Y así fue como el sistema subvirtió su propio invento:

Dejó de existir mano de obra a la que explotar,

Dejaron de producirse plusvalías y se acabó la acumulación de riqueza.

Pero los seres superiores seguían disfrutando de lo acumulado

y no pasaban estrecheces ni hambrunas.

 

Y el túnel no acababa,

no se vislumbraba atisbo de ningún punto luminoso

que pudiera dar lugar a la esperanza.

Caminaban los ciegos funcionales, a oscuras, tanteando las paredes,

adelantando el pié con mucha precaución para no pisar el vacío,

o un agujero negro se tragara alguno de los maltrechos seres

que antes fueron humanos, hoy tan sólo mugrientos bultos,

mal andantes y malolientes a los que faltaba hasta la desesperanza.

 



© "Los niños de Juan Manuel" - Junio 2009"