Actualidad - José Campanario - "La pirámide"






Cada día es más transparente el cristal: somos la base de la pirámide los que soportamos todo el peso.

Cada día es más claro el mensaje que nos mandan los de arriba: “Aguantad el peso para que sigamos teniendo una mejor visión del paisaje”.

Lo que no se entiende es cómo estando tan arriba, no se dan cuenta de que cuanto más se recorte, menos posibilidades hay de que ellos disfruten de los frutos del trabajo de los que soportan el peso. Parece que no se enteran, o no se quieren enterar, que estamos en un sistema capitalista, nos guste o no. Y el sistema capitalista se basa en la producción de bienes de consumo que generan la riqueza para los propietarios (detentadores) del dinero. No es cuestión de entrar en la filosofía o en la (in)justicia del sistema, es el sistema que tenemos y punto. Otra cosa es que se pueda y se pretenda cambiar.

Si se realizan recortes, fundamentalmente en los emolumentos de las clases populares, llegará un momento en que tan sólo tengamos para cubrir las necesidades y por ende iremos recortando a nuestra vez el consumo. Es la pescadilla que se muerde la cola: al consumir menos bajará la producción y por tanto las plusvalías. Es decir, llegará un momento en que los propietarios del capital (moneda y bienes de producción) verán como merman sus ingresos.

De todas formas, el horno se está calentando demasiado. Estamos soportando estóicamente un día tras otro los recortes tanto en derechos, como en bienes de consumo. Vemos cómo nos bajan los sueldos, las pensiones, cómo la calidad de la enseñanza se fía a la buena voluntad de los profesionales. Vemos cómo se nos crea un nuevo impuesto en la sanidad en forma de aumento de la cuota que ya se paga de las medicinas... y todavía está en el alero el copago del servicio sanitario.

Según declaraciones del Presidente del Gobierno, tiene tarea en reformas hasta el verano. ¿Será porque se irá de vacaciones mientras muchos currantes nos tendremos que quitar el calor abanico en mano?. No queda claro si los recortes seguirán después del verano, depende de la Presidenta germana.

No somos tontos los ciudadanos y vemos como un día sí y otro también, nos toca apretarnos el cinturón a los de siempre. Observamos que los que están arriba siguen su tren de vida habitual (vehículos de lujo, estancias en hoteles de cinco estrellas o de seis, viajes en clase exclusiva, salas VIP, sueldos anuales de 6 cifras, cacerías estratosféricas, etc.), en tanto se ve como aumenta la tropa de desarrapados rebuscadores de contenedores.

Nuestros gobernantes deberían plantearse si en realidad los recortes van a dar frutos en forma de beneficios sociales. No son muy optimistas muchos especialistas económicos y sociales que creen que los beneficios se irán a donde siempre: a manos especuladoras.

El ejercicio de rasgaduras de vestiduras de los “mandamases” por la expropiación argentina de YPF, es los más hipócrita y teatral que se puede imaginar. YPF es capital internacional, o en todo caso capital privado español minoritario, que revierte los beneficios en el bolsillo de algunos sin que alcance nada al resto de ciudadanos que pagamos el combustible, supuestamente fabricado en España, al mismo precio que el importado de empresas extranjeras. Lo que pasa es que algunos “bolsillos” tienen el privilegio de contar con el apoyo económico conservador.

No podemos olvidar la máxima: el dinero no tiene nacionalidad, tiene rentabilidad. Ese y no otro ha sido el viaje realizado por el dinero español a tierras argentinas. Producir ganancias sin importar otra cosa, tan sólo llenar los bolsillos de los detentadores del metálico.

Si realmente tuviera validez la pirámide anterior, otro gallo cantaría. Para que los resultados sean justos hay que partir de una base adecuada, pasando por los escalones intermedios validados moralmente. Lo contrario es el resultado de la estructura social, a todas luces injusta, que tenemos.

Lo peor, y ojalá no ocurra nunca, es que las masas, las clases populares, se harten de soportar infructuosamente tanto peso y estalle. Tenemos muchos ejemplos de estallidos populares que han desembocado en cambios sociales profundos. El único inconveniente es el precio que se paga, tradicionalmente, por esos cambios.

No hay lugar, ni excusas, para lamentaciones posteriores de los que ahora tienen la responsabilidad.




© "Los niños de Juan Manuel" - Junio 2009"