UN REBUJITO


Ya saben aquello de que nada es verdad ni mentira de que todo es del color del cristal con que se mira. Lo cierto es que para unos pocos la vida es una bendición de Dios, para otros muchos, la vida es una mierda, ya puedan ponerse las mejores gafas del mundo con los colores más sutiles y exquisitos.

El estado de ánimo es primordial y quien sabe quien tiene más influencia en él, la frialdad de la maquinación y el control del cerebro o el envío de mensajes, consignas de esperanzas del alma, esa que no tiene color ni se palpa pero que se siente y te llena el pecho y te hace inflar como un pez globo para acometer un desconsuelo.

Porqué hay a quien le cuesta tanto un soplo de felicidad, un anhelo, una tranquilidad transitoria, un cacho de pan aunque sea pan duro, y a otros, a veces impresentables, deshumanizados y figurones en cualquier entreacto de la comedia de la vida, le llueve de forma copiosa hasta lo que le debería de pertenecer a otros.

Hay amaneceres que matan, otro nuevo día lleno de luz y en el que no tienes nada que hacer, nada que poner en la sartén sobre un fuego sin butano, solo pensar, esperar, soñar despierto, y soñando oler a tortilla de patatas con cebollita frita rebujada con camarones, mientras esos pocos esperan en la cama hasta media día para empezar a concienciarse que les llega un nuevo atardecer y con alardes, faroles y figureo vivir a todo tren sin miedo a parada y fonda por el poder de una tarjeta, casi siempre dorada.

Si cada uno tiene lo que se merece, este mundo insisto es una mierda porque está lleno de miserias y de sufrimiento, de necesidades y de miedos, de pavor y de la inseguridad de mañana, de muchos días de penas y tristezas llenos de lucha por suspirar simplemente y esperar una bonanza liviana que dure siquiera hasta la esquina.

Dios está arriba, ¿está?, baja, no tardes, quítale la potestad al hombre de hacer su propia vida, de matar al mundo y a su gente, de manejar tanta injusticia y de acrecentar la pobreza de mucho y las riquezas de otros, de evitar que los más miserables de ésta estúpida vida mueran de hambre y de enfermedades mientras se ostenta de riqueza y se despilfarra vilmente lo que otros necesitan, bájate de tu trono y recompón esto un poco.

Ya no se puede uno contentar como aquél sabio que siempre se quejaba y que vio al girar la cabeza un día, como otro sabio peor que el recogía las cascaras de altramuces que él arrojaba, la cosa está que ya, ni la cáscara cae al suelo porque se pierde al vuelo, nunca tanta gente urgaba en los contenedores de basura y de enseres buscando no se qué, y cada vez cada contenedor nos toca a menos.

El trabajo ya ni siquiera es una lotería, es un rifa clandestina de papeletas de colores que por distintivo solo lleva el número y el día y que ni siquiera tienes el premio asegurado si te tocara, porque aunque no te pudieran quitar los impuestos, porque éstos no los pagan, seguro que algo te mangaban y al final relatarías para tus adentros, ¡ por cincuenta céntimos al menos algo hemos atrincáo ¡

Y si hablamos de atrincar, de dar humanidad, de tender la mano, de dar derechos negados en sus orígenes y que asintieronn sin pelear, terminar exigiendo lo que tu ni siquiera tienes, .....a estas alturas del guión es una quijotada, porque tu trabajo lo tiene un peruano o un moro, sin término despectivo y con el uso del nombre de siempre, que se presta a trabajar a ratos y sin la seguridad y los logros para el trabajador conseguido en años de lucha obrera, o el trabajo de tu mujer con el que pagas la mitad de la hipoteca lo tiene una ecuatoriana al que se lo dio esa buena gente dedicada a las personas necesitadas, como si aquí andaramos todos ya sobrados.

Un día un amigo mío morito, al que se le ha pegado las ganas gaditanas del cachondeo me decía con media ironía, ya lo dice el Corán, ganaremos al mundo por el vientre, y si no al tiempo, nosotros venimos en pateras pero vosotros os vais a ir a nado.

Míra que esto es una cosa seria, por eso, que venga Dios y lo vea, y me es igual el color del cristal con que lo mire, porque verdad solo hay una, y no voy a decir otra vez que esto es una mierda, porque aunque no huela, queda feo.

Termina uno el escrito suspirando profundamente como si se hubiese descargado de un peso, de una opresión, de una pena enconada, con un grito a todos esos que tienen tanto que hacer que se han quedado con el tiempo del resto y que no tienen un minuto para los demás, ni siquiera para un pensamiento,..........gloria a tí señor.



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© "Los niños de Juan Manuel" - Junio 2009"