Hoy día de 5 Septiembre es un gran día, y lo es para mí al menos por darse un hecho, una circunstancia muy especial, recibir en mi casa a uno de los rectores que tuve en Pilas. Y lo mejor de todo esto es que yo no le he invitado, ha sido iniciativa suya, una llamada telefónica, que voy, y que aquí está.

Esto no ha sido una visita de compromiso en respuesta a una invitación, y por eso yo más lo valoro, como ya hemos dicho en la web en varias citas todo esto que nos ocurre es la continuación de aquellos días, es seguir teniendo una familiaridad. Hace cuarenta años que yo no le veo, pero la verdad es que me sentía en la espera como si viniera un amigo mío al que ví ayer y que entra como Pedro por su casa. De todas maneras D. Juan se va a escapar porque no tengo campanas en mi casa, pero un repiqueo se merecía la ocasión.





Sonó el timbre a la hora fijada, ni el reloj de la torre hubiera sido más exacto, hola D. Juan, hola Manolo, no hubo necesidad de preámbulos, un abrazo selló nuestra amistad aletargada en el tiempo, y tras presentarnos a su esposa, Mª Jesús, y con el inicio de una mini visita emulando a un guía turístico, se inició en el "centro de operaciones" de los de Pilas, más que una conversación, un flujo de recuerdos, una cascada de anécdotas que iban surgiendo como si nada.

Se tenía la necesidad de contar, aprovechar el rato para poder decir lo mucho que hay que contar en tan poquito tiempo. Como si fuera un mano a mano, se esperaba que uno acabara para enseguida apostillar o empezar a contar una nueva historia.

En posición de firmes, atentos a la voz de "Arr"
Ampliar

D. Juan es un libro abierto, un libro gordo de muchas páginas que embelesa a uno escuchándole, y te cuenta desde la anécdota de la tirita del alzacuello y Bueno Monreal, su vida de seminarista en Sánlucar, su experiencia en sudamérica, o aquella tarde que estando en misa saltaron chispas que a punto estuvimos de salir todos en desbandada por la caida de un rayo, o aquél primer cross que se corrió en el seminario organizado por el Cardenal, o el muro de la iglesia y D. Fernando Barquín, el arquitecto, con su idea de la inmensalidad.

Reímos con la escena de intimidación en su despacho, hablamos de la rebeldía, de las dudas y las malas decisiones, comentamos algunos artículos y reseñas de la web, de algunos encuentros anteriores, especialmente el de Jerez con Jesús Claro, preguntas y respuestas, y coincidimos en la importancia de esa etapa vivida y de la huella personal que llevamos, y no pude dejar de transmitirle ese abrazo que le hizo llegar desde Las Palmas Javier Delgado.



Isabel, D. Juan, Mª Jesús - "Ampliar"


Tertulia de café, reunión de amigos en los que los cuatro oíamos e interveníamos entre sorbo y sorbo, y de galletas "ná" para tener libre la boca y poder hablar más y no perder "puntá" porque el momento lo requería, y así hasta la hora del adios que llegó en un santiamén.

Quedamos emplazado para la presentación del nuevo libro sobre El Puerto, me narró una sipnosis del nuevo artículo para clase del 60 "La huella de Diamantino", rato en definitiva que supo a poco pero intenso, de los que dejan marca. Me despedí de D. Juan contándole que haría extensivo a los amigos sobre su visita y la invitación general de una visita, eso sí, que insistiría en que se trajeran las galletas debajo del brazo o el postre según la hora, porque la "cosa" está "achuchá".


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© "Los niños de Juan Manuel" - Junio 2009"