- Ave María Purísima
- Sin pecado concebida
- Padre me acuso de haberme metido con mis compañeros, de haberlos ofendido de palabras.....
- Está bien hijo mío, cuéntame como es eso.
- Pues mire padre me pierdo por la boca, no puedo controlarme ante la hipocresía, la injusticia me produce un resquemor interior, y los santurrones me matan, es que yo padre.....
- Ya se, ya se, tienes que controlarte, ser más permisivo, no juzgar a nadie, sino a ti mismo.
- Si yo me juzgo a mí mismo padre, y me exijo más que a nadie, por eso vengo padre a pedir perdón y a ponerme a bien con Dios, ...........pero es que padre no lo puedo remediar, a veces ni siquiera es conmigo, pero es que por inercia me pongo del lado del que sufre la injusticia, del más débil, y....
- Está bien, es bueno que reconozcas tus culpas, tienes alguna cosa más de que confesarte.
- Si padre, tengo malos pensamientos, impuros
- Cuéntame, cuéntame, hijo mío.............

Y todo terminaba con catorce Ave María, diecinueve padres nuestros y con acto de contrición de que iba a ser el niño más bueno de aquél seminario, al final a punto estaba de perder la cena con tanto rezo.

Hoy todo se recuerda con cierta nostalgia, las barreras, las trabas, todas esas cosas que parecían tener tanta importancia realmente no la tenían. Juan Manuel Nuñez Contreras era mi formador, era mi amigo, mi confidente, era el espejo en el que me miraba, era mi paño de lágrimas, era a veces el culpable de no sé qué, era a veces la persona a la que más admiraba y otras, las menos, una persona que no me decía nada, tal vez porque no me decía lo que hubiera querido escuchar.

Juan Manuel era el cura joven dispuesto a comerse el mundo, con unas ganas enormes de hacer bien “su trabajo”, y eso lo veían sus alumnos los cuáles le admiraban y le querían. Era una persona llana dispuesta a oír a todos en cualquier momento, y a la vez mandaba sin ordenar, integró al grupo y él se identificó con él, y buscaba nuevos horizontes, “nuevas almas descarriadas”, nuevos jóvenes no seminaristas para echarles también una mano. Era incansable hasta jugando al fútbol.

Y era con el fútbol con lo que uno se descargaba de la tensión, no había “Fair-Play”, y me gustaba que estuviera en el equipo contrario, y él lo sabía, y más cuando le recalcaba que en un partido de fútbol todos éramos iguales, que no habían curas. Juan Manuel que no era tonto y disfrutaba de una enorme fuerza física, las veía venir y esquivaba como podía aquellas entradas de un niño enclenque que llevaban una queja, por no se qué, y que en alguna ocasión me costó la roja y expulsión directa a la ducha.

Sin darte cuenta has crecido con el sello del seminario y vas por la vida como un prototipo de persona que se involucra, que está dispuesto a echar una mano cuando hace falta, que se ofrece sin que se lo rueguen, que no le cuesta el trabajo, que se sacrifica, que razona y se revela ante una opresión. Olvidas que fuiste seminarista pero te han forjado.

Han pasado muchos años y el vínculo no se ha roto hoy Juan Manuel Nuñez Contreras, no es cura, no lleva sotana, ...... ni falta que le hace, pero sigue siendo el Juan Manuel Nuñez Contreras que yo conocí, un hombre íntegro y dispuesto a echar una mano allá en dónde haga falta, un hombre social al que sigo respetando, admirando y guardándole un gran cariño porque soy por él como soy.

Ahora ya tiene su propia gran familia, otras responsabilidades, y no necesita uno indagar mucho para verlo aún en la brecha, con esa otras “obligaciones morales” que se ha echado, con ese espíritu luchador dispuesto a ayudar al débil, a hacer llegar una queja en dónde corresponda, a seguir siendo “un abogado de secano”, un líder espiritual por sí mismo. Lo mismo suscribe contra los comentarios de un mandamás sobre la inmigración, o que apoya al profesor "granaino "Luís García Montera, la despenalización de un top-manta, o que la Amozonía (Yasuní) aporta vida, y que es amigo de Okaka Bangaga y de Edileny da Mata, ....... y es que Juan Manuel lo lleva en las venas, ¡ y que más da la sotana !. Siempre será mi formador, y mi amigo, eso sí de confesiones, ninguna.



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© "Los niños de Juan Manuel" - Junio 2009"