UN CILICIO PARA MORTIFICARSE 

Dicen que los fabrican aún las monjas de clausura de San Antón (Granada), perteneciente a la orden de las Clarisas Capuchinas de Jesús María, ( y conventos de clausura en general) quienes los fabrican de manera artesana y que venden sus productos para la mortificación corporal.

Un artilugio utilizado por los miembros de la Iglesia católica desde los tiempos de los romanos, y que por lo visto sigue en activo y que el paso del tiempo no ha borrado la creencia cristiana de llegar a Dios a través de la mortificación corporal.

Una cinta de alambre de tres centímetros de anchura cubierta de pinchos que sirve para autolesionarse, los hay de distintos grosores y tamaños, dependiendo de lo habituado que se esté a usarlos o de la clase de pecado a expiar. Normalmente suele colocarse en el muslo o antebrazo. Produce heridas, pero, a cambio, dicen que alimenta el espíritu.


En los años 60 también los padres espirituales del seminario aconsejaban su uso. Allanaba el camino hacia el cielo mortificándose en la tierra y sobre todo en lucha abierta contra la impureza, en aquellos tiempos una simple erección (natural por otro lado en gente joven llenos de vitalidad), un mal pensamiento (inevitable por otro lado por la involuntariedad), eran condición sinecuanime de cilicio-mortificación, originando unos transtornos mentales de padre y señor mío. Tanto como para atarse las manos y las piernas a la cama a la hora de dormir para no dar ni una vuelta sobre el colchón, no sea que en una de esas vueltas con un roce hubiera una erección y como resultado una eyaculacion involuntaria que te arrastrara hacia los infiernos.

Uno se pregunta ¿pero no creó Dios al hombre a imagen y semejanza? ¿porqué ir en contra de la propia naturaleza? ¿propicio o inapropiado el uso del cilicio?, es un tema del que se podría uno extender bastante, y con opiniones variopintas seguro estoy de muchos de aquella época.

Hoy día ya no es mérito alguno aplicarse uno de esos cilicios, el sufrimiento está a la orden del día, pero no necesariamente para mortificarse y ganar nada en la tierra de cara al Cielo, no, en absoluto es la moda, es llamar más la atencion que el otro, ser más sufrido, más guay.

Tal vez la única diferencia es que a estos segundos nos les quede secuela psíquica sino solo los agujeritos si cambian algún día de opinión o de moda, pero seguro que no se las cogerá con papel de fumar cuando vayan a orinar, no por escrúpulo o pecar, lo más seguro es que la muestren orgullosos a los cuatro vientos para enseñar sus "cilicios" particulares del prepucio o del glande, de clírotis y pezones, de lenguas y orejas.



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© "Los niños de Juan Manuel" - Junio 2009"